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Embarcaciones de lujo: todos a bordo

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La vida náutica a bordo de  yates de lujo es sinónimo de buenos negocios y de status, pero también de un tipo de recreación reservada a quienes valoran buenos momentos y la vida lejos de tierra firme.

Cualquiera puede tener una oficina lujosa o citar a un importante dignatario a casa para concretar un acuerdo millonario, pero hoy en día un detalle realmente diferenciador y símbolo de status es hacer negocios a bordo de yates de lujo, cree Marcelo Sauma, gerente Comercial de Pronautica.

Este proveedor de naves de primerísimo nivel, cuenta que en cualquier lugar del mundo la vida náutica no está reservada a cualquiera y el mensaje es claro cuando hablamos de joyas de la ingeniería, de gran estilo y diseño.
Se trata de naves que pueden ser fabricadas a medida del mismo color y madera que, por ejemplo, los materiales de la oficina, del helicóptero o el Rolls Royce de su nuevo dueño. Tapizados de cuero en colores a pedido, maderas de teca o de raíz de rosal en las terminaciones, jacuzzis de mármol, sistemas satelitales de última generación y 100% automatizados. Detalles que respetan el nivel de status y realidad que los clientes de una embarcación de lujo exigen a su vida cotidiana. Piezas como el Azimut 105 alcanzan la sofisticación suficiente para que el capitán pueda controlar la nave desde el muelle con un control remoto del tamaño de un Smartphone.

Un lujo que va aparejado al buen gusto y a una vida anclada al aire libre difícil de igualar fuera de un puerto y que pueden incluir un flybridge para aterrizar en helicóptero directamente en el yate desde la ciudad. Equipos de sonido y televisión de alta fidelidad que surcan las olas mucho antes de llegar a cualquier distribuidor en tierra y también grúas de precisión para portar juguetes como motos de agua, kayacs y otras embarcaciones de apoyo. Como si fuera una sofisticada casa de veraneo, a bordo hay instalaciones para el chef personal y una tripulación de cuatro o cinco personas más.

Un 70% del mercado local de yates de lujo está en la cubierta de Pronautica. Esto quiere decir que al año se venden hasta cuatro de estas naves exclusivísimas y eventualmente embarcaciones de hasta dos millones de dólares o pequeños veleros láser, inversiones que van en aumento. Este auge va de la mano con el desarrollo inmobiliario del borde de lagos y ríos en el sur de Chile, más la creación de condominios con lagunas navegables.
Porque curiosamente, el fuerte de la navegación se realiza en lagos y ríos interiores, porque si bien Chile cuenta con miles de kilómetros de borde costero, nuestro océano es marea brava para cualquiera, dice Sauma. “La navegación recreacional para los dueños de estas embarcaciones se desarrolla principalmente en los canales del sur, en lagos calmos como el Rapel, Ranco, Rupanco o el Llanquihue donde puedes pasear, descansar o esquiar”, explica.
Sobre el perfil de los dueños de estas casas flotantes de lujo se cuentan importantes directores de conglomerados farmacéuticos, magnates de la prensa, líderes de mineras, empresarios hoteleros y del retail; en general personas que se han dado cuenta de que si bien hay cosas que el dinero no puede comprar, éstas se disfrutan en un entorno alejado de tierra firme, como parte de una cultura náutica que está reservada para los grandes momentos.

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