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Octo: La geometría de la perfección

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Portador de múltiples valores eternos, que han sobrevivido al paso de los siglos y las civilizaciones, la nueva creación firmada por Bulgari,se sitúa por encima de los estándares tradicionales del reloj masculino.

Tiene una fuerte personalidad, carismática y dotada de un carácter marcado. Ni redondo ni cuadrado, sino la simbiosis, armoniosa y equilibrada, de las dos formas primitivas de las que nace el octógono, símbolo de la geometría de la perfección. Su arquitectura de ocho lados ceñidos por un bisel redondo reivindica la audaz y sutil ruptura de los cánones del más puro clasicismo. La poderosa identidad del Octo establece nuevos códigos de referencia en la universo futuro del reloj masculino de lujo.

Muy contemporáneo, este reloj atesora múltiples valores. El octógono, figura gráfica antigua universalmente rica en símbolos y significados, es indisociable de la historia de las civilizaciones y de las culturas. Más allá de los continentes, de Oriente y Occidente, esta composición de dos figuras primitivas es rica en innumerables valores emblemáticos y múltiples significados. Los conceptos de equilibrio, armonía, poder y eternidad, entre otros, se encuentran frecuentemente asociados a la forma de ocho caras. En la Europa de la Edad Media, los alquimistas consideraban la combinación del cuadrado y del círculo como la expresión de la perfección, de igual modo que la representación del vínculo entre la Tierra y Cielo ­el cuadrado, representación del Hombre, y el círculo, encarnación de la Divinidad.

La omnipresencia del octógono
La forma octogonal ha dejado igualmente numerosos rastros arquitectónicos desde Europa a Asia. De este modo, Italia cuenta con numerosas edificaciones de este tipo. Además de las construcciones de la Antigüedad que jalonan Roma, la Villa Eterna, uno de los más representativos es el Castel Del Monte en Puglia. Esta construcción del siglo XIII, grandiosa obra arquitectónica marcada por la huella de múltiples símbolos, materializa la síntesis de conocimientos refinados en matemáticas y astronomía. Está considerado por algunos como un lugar sinónimo del templo del saber .
Lejos de allí, a miles de kilómetros, el octógono es la fuente de todos los fundamentos de la historia, de la civilización y del pensamiento chino. Figura central del I Ching o Libro de las mutaciones, elaborada desde comienzos del primer milenio antes de la era cristiana, la forma octogonal tenía por finalidad describir los estados del mundo y sus evoluciones. Cada una de las ochos caras es concebida para simbolizar lo que ocurre en el cielo y en la tierra, representación de la transformación incesante de los signos uno en el otro. El I Ching constituye el resultado de una búsqueda especulativa y cosmogónica elaborada, cuyas articulaciones han modelado durante mucho tiempo el pensamiento chino hasta la actualidad. De hecho, partiendo de una oposición/complementariedad entre los principios Yin y Yang (sol y luna, macho y hembra, activo y pasivo, etc.), y subdividiendo esta dualidad de manera sistemática, el I Ching llega a una serie de 64 combinaciones y de todas las transformaciones posibles entre ellas.
Después, aunque siempre en el Reino Medio, círculo y cuadrado traducen una relación simbólica expresada según los principios de la arquitectura. Construido en el siglo XV, el Templo del Cielo de Pekín es dispuesto globalmente para simbolizar la relación entre el cielo y la tierra, entre la Divinidad y el Hombre, esencia de la cosmogonía china. Ocupa un lugar que retoma la forma cuadrada de ángulos meridionales, mientras que los de la parte norte son redondeados debido a la antigua creencia china según la cual el cielo era redondo y la tierra cuadrada.

Entre el infinito de los matemáticos y la totalidad del universo
La traducción numérica de la forma gráfica está también cargada de sentidos simbólicos. El número 8, Octo en su forma latina, ha estado siempre vinculado al haz de valores universales imperantes en todas las épocas, en todas las civilizaciones. Es el infinito de los matemáticos, la eternidad inmutable, o incluso el símbolo de la totalidad del universo en China (el I Ching ), y en sentido más amplio, de prosperidad y de encarnación del poder en las culturas asiáticas.
La arquitectura de Octo condensa estos contenidos. Más que un reloj, el objeto trasciende su mera función para adquirir una dimensión más amplia, cargada de sentido estético y emocional. De apariencia formal sencilla, es complejo en los valores que representa: equilibrio, perfección, inmortalidad y eternidad por un lado, savoir ­faire y maestría relojera por otro.
Esta nueva creación de Bulgari, pura y poderosa, es el perfecto reflejo de los valores relojeros masculinos de la Marca hechos de carisma, de personalidad y de un refinamiento estilístico muy gráfico. Este conjunto estético contemporáneo se conjuga con una lectura sobria y clásica del tiempo al ofrecer las habituales funciones tradicionales. Por su forma, Octo rompe los códigos habituales de este tipo de reloj para renovarlos radicalmente y afirmar su vocación relojera, dentro de unas proporciones perfectamente logradas, y un equilibrio armonioso.

Caja y motorización excepcionales
La estructura de esta caja de excepción, de líneas nítidas y suaves, expresa fuerza de carácter y poder incontestable. Sutil en su tratamiento, comporta un complejo proceso de fabricación en todas sus partes: carrura, bisel y fondo atornillado. Los tres elementos son
objeto de numerosas operaciones sucesivas hasta la obtención del resultado final antes del ensamblado. Manufacturada in­house , la caja del nuevo Octo comporta un total de 110 facetas. Todas son meticulosamente acabadas a mano, alternando pulido y acabado cepillado satinado, en línea con el grado de ejecución de conjunto de esta novedad, cuyo interior está también guiado por un único criterio: la excelencia.
A una creación emblemática le corresponde una motorización excepcional. Octo está animado por el Calibre BVL 193, con indicación de horas, segundos y ventanilla de fecha a las 3 horas. Este movimiento mecánico de cuerda automática por masa oscilante unidireccional montada sobre rodamiento de bolas – garantía de un remonte óptimo­está provisto de dos barriletes que garantizan un mayor rendimiento isocrónico en el tiempo, sinónimo de regularidad de marcha y, en consecuencia, de precisión. El Calibre BVL 193 ­11,5 líneas­late a 28.800 alt/h (4HZ) y ofrece 50 horas de reserva de marcha. Los acabados de los componentes del movimiento son, evidentemente, de muy alto nivel: pivotes pulidos, ruedas de engranaje satinadas… Una elegante esfera manufacturada in­house , lacada negra y pulida, resalta la pureza del conjunto de esta novedad, cuya visualización analógica tradicional se inscribe en la línea Octo , de por sí ya pródiga.
De entrada, este reloj ocupa el primer plano de la escena y revela un mensaje evidente y singular: se posiciona por encima de los estándares ordinarios y habituales para reivindicar su pertenencia al universo de los modelos de relojes que sabemos van a quedar inscritos en el futuro.

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